La disminución de las nevadas en la Cordillera de los Andes ha encendido las alarmas entre los especialistas en clima e hidrología. Esta región enfrenta uno de los períodos más secos registrados en siglos, fenómeno que se atribuye al cambio climático. Diversos estudios informan que actualmente hay un 30% menos de nieve, situación que impacta directamente en el turismo, los glaciares y la disponibilidad de agua.
La icónica imagen de los inviernos cargados de nieve en la Cordillera de los Andes está mostrando cambios cada vez más evidentes. Investigadores del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales del Conicet han señalado que desde 2010 se ha iniciado una etapa marcada por la disminución de las nevadas intensas.
Un 30% menos de nevadas en la cordillera
Múltiples estudios reflejan que hoy en día hay un 30% menos de nieve. Este fenómeno tiene consecuencias directas tanto en la actividad turística como en la economía local, afectando además las reservas de agua potable y los glaciares.
“El problema no es solo turístico. La nieve funciona como una reserva estratégica de agua para consumo humano, riego, energía e industria”, explica Ezequiel Toum, investigador en hidrología.
Los especialistas han definido el escenario actual como una “megasequía” que afecta a la región andina desde hace más de una década. Según recientes publicaciones científicas, este fenómeno es consecuencia del cambio climático provocado por la actividad humana.
Los especialistas definieron la situación como una «megasequía»
El aumento de las temperaturas globales ha modificado la dinámica atmosférica en el Pacífico Sur, reduciendo el ingreso de humedad hacia la cordillera. Esto ha llevado a inviernos con períodos más extensos sin precipitaciones y menores acumulaciones de nieve.
Este fenómeno también impacta de manera directa en los centros de esquí. En Mendoza, varios complejos históricos han cerrado, mientras que otros dependen cada vez más de sistemas de nieve artificial para mantener la actividad turística durante la temporada invernal.
“Hoy es muy difícil garantizar la operación sin cañones de nieve”, han reconocido operadores turísticos de alta montaña, donde la tecnología ha empezado a compensar parcialmente la falta de precipitaciones naturales.
No obstante, los especialistas advierten que la escasez de agua también afecta a los recursos utilizados para estos sistemas. En la actualidad, los caudales de diversos ríos cordilleranos se encuentran entre un 30% y un 40% por debajo de sus niveles históricos, mientras que los glaciares contribuyen cada vez menos, debido a su retroceso acelerado.
Anticipan que en 2050 la disponibilidad de agua se reducirá al 20%
En provincias como Mendoza, donde el agua de deshielo es crucial para la producción y el abastecimiento urbano, las proyecciones son preocupantes. Estudios locales estiman que para 2050 podría haber una nueva reducción cercana al 20% en la disponibilidad hídrica.
Ante este complejo panorama de avance del cambio climático, los especialistas coinciden en la imperante necesidad de reformular el manejo del agua y de adaptar las actividades productivas y turísticas a un contexto natural cada vez más desafiante.





