El mundo del arte ha perdido a una de sus figuras más emblemáticas. Julio Le Parc, reconocido pionero del arte óptico y cinético, falleció el pasado sábado en París a los 97 años tras un prolongado deterioro de su salud. Su influencia y legado han dejado una marca indeleble en la cultura artística, no solo en Argentina, sino a nivel global.
La noticia de su muerte fue recibida con profundo pesar en las redes sociales, donde numerosas personalidades del arte, la cultura y la política expresaron su tristeza. Entre ellos, la exprimera dama Juliana Awada, quien compartió emotivas fotografías junto a Le Parc y escribió: «Haber estado tan cerca suyo en su retrospectiva en Argentina fue un privilegio». Agradeció por su arte y su capacidad de iluminar con su presencia.
Otro artista que rindió homenaje a Le Parc fue el productor musical Bizarrap, reconocido a nivel mundial, quien compartió una fotografía con él en su taller. «Que en paz descanse, maestro de la luz y el movimiento», escribió, destacando su impacto en el arte argentino contemporáneo.
El querido músico Fito Páez también se unió a las despedidas. Publicó en su Instagram una significativa imagen del artista, acompañada del mensaje: «Se nos fue el gran Julio Le Parc… todo mi amor y el de mi familia para sus amigos y familiares.»
La actriz Betiana Blum también se despidió de Le Parc con un mensaje breve pero emotivo: «Querido Julio: buen viaje al corazón de Dios». Su simpleza resonó en muchos, reflejando el cariño que el artista despertaba entre quienes lo conocieron.
Curiosamente, la noticia de su fallecimiento llegó poco antes de que la Tate Modern de Londres anunciara una gran exposición retrospectiva en su honor, programada para el 11 de junio. Esta exhibición, ahora un homenaje póstumo, constata una carrera que abarcó más de siete décadas.
Nacido en Argentina, Le Parc emigró a París en 1958 con una beca del gobierno francés. Desde entonces, la ciudad no solo se convirtió en su hogar, sino también en el escenario donde su trabajo adquirió reconocimiento mundial. Su enfoque único transformó la luz, el color y el movimiento en el núcleo de su propuesta artística.
Le Parc fue un firme defensor de la participación activa del espectador en la experiencia artística. Su obra no solo buscó atraer miradas, sino también invitar a la reflexión y la interacción. Este enfoque lo llevó a fundar el Groupe de Recherche d’Art Visuel (GRAV), un colectivo que trabajó para que el arte fuese más accesible y lúdico entre 1960 y 1968.
El arte cinético, del cual Le Parc fue un destacado exponente, incorpora el movimiento como parte esencial de la obra. Sus instalaciones transformaban la percepción del espacio y permitían que los espectadores se convirtieran en activos participantes de su experiencia. Las obras estaban diseñadas para cambiar con la luz o el movimiento, desafiando la manera en que se interactuaba con el arte.
La obra de Le Parc trascendió las fronteras del arte latinoamericano y llegó a ser reconocida internacionalmente. En 1966, ganó el Gran Premio Internacional de Pintura de la XXXIII Bienal de Venecia, un reconocimiento que consolidó su lugar en la historia del arte. Además, fue distinguido como Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres, uno de los más altos honores culturales en Francia.
Sus trabajos no solo están presentes en colecciones privadas, sino que han sido incorporados en instituciones de renombreglobal como el MoMA de Nueva York, el Centre Pompidou de París y la Tate Modern de Londres, lo que demuestra su influencia y relevancia en el canon del arte contemporáneo.
El legado de Julio Le Parc es una invitación a descubrir el arte desde una nueva perspectiva, donde la interacción y el movimiento juegan un papel crucial. Su contribución a la historia del arte no será olvidada, y su obra seguirá inspirando a futuras generaciones.


