La crisis de una fábrica textil en Chubut ha escalado significativamente en las últimas semanas, manifestándose a través de protestas, quema de neumáticos y permanencias de trabajadores frente a la planta. Este conflicto no es un hecho aislado; detrás de las manifestaciones, hay un reclamo desesperante: más de 300 días sin salarios han llevado a los empleados a la calle, expuestos a la incertidumbre laboral y económica.
La empresa en cuestión es Soltex, que llegó a contar con 50 empleados y actualmente mantiene solo a 20. Los trabajadores han solicitado respuestas urgentes sobre el futuro de su fuente de trabajo, denunciando que la actividad de la planta ha estado prácticamente paralizada mientras las deudas salariales acumuladas no hacen más que crecer. Algunos operarios han ido más allá, pidiendo la cesión de la fábrica para poder continuar con la producción bajo gestión obrera.
Las manifestaciones se han llevado a cabo frente al establecimiento industrial y han reunido a trabajadores y familiares afectados por la falta de pago, exigiendo garantías sobre la continuidad laboral y respuestas inmediatas por parte de la empresa. Durante estas protestas, la frase “No cobramos hace más de 300 días” se ha convertido en una de las consignas más repetidas, reflejando el deterioro económico que viven estas familias.
Lo que está sucediendo en Soltex es un sintoma de la crisis profunda que afecta al sector textil argentino. Factores como la caída del consumo, la apertura de importaciones y la notable disminución de la actividad industrial están impactando negativamente. Según datos de la Fundación Pro Tejer, la industria textil y de indumentaria ha registrado una fuerte caída en producción y empleo, con fábricas funcionando por debajo de su capacidad y con crecientes dificultades para sostener empleos.
Por si fuera poco, los trabajadores han denunciado que la empresa se ha mantenido inactiva en gran medida y ha hecho movimientos cuestionables relacionados con el retiro de maquinaria y bienes, lo que ha despertado temores sobre un posible cierre definitivo. Mientras los manifestantes exigen respuestas, la incertidumbre persiste.
Con el aumento del malestar, los cortes y protestas en las inmediaciones de la fábrica se han vuelto más comunes. Los operarios, tras meses de inacción y sin respuestas concretas, decidieron hacer escuchar su voz. Durante estas movilizaciones, surgió una nueva demanda: “Que nos den la fábrica”, gritaron en una de las protestas, buscando la forma de mantener la producción viva a pesar de la adversidad.
Estas manifestaciones han generado preocupación por el impacto económico que tiene la falta de ingresos sobre las familias que dependen de la actividad textil. Algunos trabajadores han compartido su lucha diaria para cubrir sus necesidades básicas, enfrentando la difícil realidad de acometer pagos de alquiler y servicios. Otros han tenido que recurrir a trabajos informales o apoyo familiar para sostenerse.
A través de diversas entrevistas, se ha dejado claro que la acumulación de atrasos salariales ha llevado a una casi total paralización de la actividad. Ante este panorama, la Asociación Obrera Textil (AOT) ha realizado gestiones para tratar de aliviar la situación, pero la falta de avances sigue siendo un obstáculo para los trabajadores, quienes esperan la intervención del gobierno provincial y del municipio de Trelew para garantizar el cobro de salarios y la continuidad laboral.
Los testimonios revelan una frustración palpable entre los empleados. Algunos compañeros han renunciado, mientras otros han decidido iniciar juicios laborales por la falta de respuestas. “Estamos aquí esperando una solución, pero nuestro empleador parece querer que nos vayamos o que iniciemos juicios para evadir sus responsabilidades”, denunciaron los trabajadores. Sin embargo, ellos insisten en que la fábrica todavía posee capacidad productiva, y sostienen que, de encontrar una solución, aún hay posibilidades de mantener la actividad.


