Se enamoraron en la Patagonia y en solo tres meses construyeron 8 invernaderos para vivir de sus cultivos.

La Revolución de la Agricultura en la Patagonia: La Historia de Wilber Quispe y Lurdes Mamani

Un Amanecer en el Huerto

El día comienza temprano en el Alto Valle de Río Negro, donde el sol aún tiembla en el horizonte. Wilber Quispe y Lurdes Mamani, una pareja de horticultores que llegaron de Bolivia, saben que cada amanecer es una nueva oportunidad. "Acá no hay reloj de entrada ni de salida; arrancamos temprano y nos quedamos hasta que no se ve más," dice Wilber, con una firmeza y pasión que delatan su dedicación al cultivo.

Innovación en Invernaderos

La pareja, liderando su nuevo camino, decidió el año pasado dejar atrás el temor a las heladas y construir ocho invernaderos en solo tres meses. "El invierno de Río Negro ya no me iba a detener," expresa Wilber mientras apunta a los sólidos túneles de plástico que ahora albergan una variedad de cultivos. Esta decisión no fue solo estructural; marcó un antes y un después en su vida y en su producción.

De la Incertidumbre a la Productividad

La aventura de construir invernaderos no estuvo exenta de desafíos. Con un conocimiento técnico limitado, Wilber y Lurdes se embarcaron en un proceso de "prueba y error". "No sabíamos cómo se arma. Lo hicimos con ayuda de otros productores," comparte Lurdes, valorando la importancia del aprendizaje colectivo. A través de la observación y el ensayo, lograron levantar estructuras que ahora sostienen la vida agrícola que tanto aman.

Cultivos Diversificados

Dentro de sus invernaderos, crecen tomates, morrones, pepinos, y una amplia gama de hortalizas lejos de las heladas. Wilber explica que "la producción en invernadero es diferente que en el campo; el producto sale distinto". Este método también les permite rotar cultivos, asegurando que su tierra siga dando frutos, algo crucial para la agricultura sostenible.

Una Huella Familiar

La motivación detrás de su esfuerzo diario incluye a sus dos pequeñas hijas, de 4 y 6 años, quienes ya muestran un amor genuino por el trabajo en el campo. "Ellas vienen y ayudan con el agua y cultivan," dice Lurdes, enfatizando que su familia es la razón detrás del arduo trabajo y la dedicación.

Realidades del Arrendamiento

A pesar del éxito, Wilber y Lurdes enfrentan ciertos inconvenientes. "Como no tenemos tierras propias, la estabilidad de nuestro trabajo depende de contratos; eso nos hace un poco cautelosos," señala Wilber, recordando la fragilidad del sistema agrícola en el que navegan. Esta incertidumbre agrega un nivel más de dificultad a su día a día.

Conectando con el Mercado

Los Quispe-Mamani no solo se enfocan en sus invernaderos; se aseguran de llevar su producción al Mercado de Productores de la Patagonia. "Lo que hemos logrado nos da alegría; a pesar de las complicaciones, seguimos adelante," dice Lurdes, una sonrisa de satisfacción ilumina su rostro al hablar de los logros.

Pasión por la Tierra

"Siempre soñamos con producir más y tener más," asegura Wilber, un reflejo del espíritu indomable que los caracteriza. Su viaje desde Bolivia hasta la Patagonia ha sido una mezcla de anhelos, trabajo duro y la voluntad de superar obstáculos, mostrando que la pasión por la tierra puede transformar realidades y cultivar futuro.

Un Futuro Prometedor

Lo que comenzó como un deseo de cultivar sus propios alimentos ha evolucionado en un próspero negocio familiar. La dedicación de Wilber y Lurdes, contando su historia con orgullo, es un testimonio del poder de la perseverancia y la fe en el cultivo, un verdadero ejemplo de cómo el amor por la agricultura puede florecer incluso en condiciones adversas.

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