Médicos del pueblo: Alejo Aüada y Lucía Cortegoso, una vida entera dedicada a ayudar.

El Legado de Alejo Julio Aüada

El doctor Alejo Julio Aüada, un hombre que marcó la historia de la salud en su comunidad, nació en el seno de una familia inmigrante que llegó al corazón de la Argentina desde el pueblo de Al-Khiam en el Líbano. Su padre, Khalil Aüada, emigró a una edad temprana en 1910, buscando nuevas oportunidades en la vasta tierra argentina. A lo largo de su vida, trabajó en la zafra en Tucumán y luego estableció un almacén en Mendoza, un emblema del esfuerzo y la tenacidad de su linaje.

En 1926, la familia Aüada se trasladó a la Capital Federal, específicamente al barrio de Villa Luro, donde continuaron con el negocio familiar. Allí, Alejo y sus hermanos ayudaban a sus padres en el almacén, aprendiendo de la importancia del trabajo arduo desde muy temprana edad. Caminar largas distancias para repartir mercadería se convirtió en parte de su rutina, inculcándoles valores de responsabilidad y compromiso.

Desde su juventud, el doctor Aüada demostró una notable determinación en sus estudios. Para costear su educación médica, realizó diversos trabajos, incluso barriendo una fábrica entera cada día. Sin embargo, nunca permitió que sus obligaciones laborales afectaran su desempeño académico. En la Universidad de Buenos Aires, Alejo conoció a Lucía Mercedes Cortegoso, quien se convirtió en su compañera de vida y sus más fervientes animadora en la culminación de sus estudios.

Lucía, originaria de La Matanza y proveniente de una familia con historia en la inmigración, también fue una fuerza vital en la vida de Alejo. Ambos compartieron el camino de la medicina en la UBA y llevaron a cabo prácticas en el Hospital Alvear, donde Lucía rompió barreras al ser la única mujer en el cargo de jefa de Practicantes. Su historia es un testimonio del amor y la dedicación hacia el bienestar de los demás.

El legado del doctor Aüada se siente hoy en día en su comunidad. En reconocimiento a su contribución, se le ha otorgado su nombre a una calle y a una plaza en su honor. Además, el futuro Centro de Atención Primaria de Salud de Contralmirante Cordero y Barda del Medio llevará su nombre, perpetuando su compromiso con la salud pública y el bienestar de la población.

Los primeros pasos de Alejo en la salud pública marcaron el inicio de un viaje dedicando su vida al servicio de los demás. Su rutina incluía largas caminatas desde Cinco Saltos a Contralmirante Cordero y Barda del Medio, siempre con su maletín al lado. Esto ilustra no solo su dedicación, sino también su humanidad, caminando hasta el más remoto paraje para atender a quienes más lo necesitaban.

El doctor Aüada no solo trabajó en consultorios; también atendió en la calle, en hogares, chacras y hasta en condiciones adversas. La gente viajaba desde localidades lejanas con la esperanza de recibir atención médica de quien llamaban el “Doctor de la Gente”. No se limitó a su horario laboral; trabajó hasta su retiro a los ochenta años, cuando una lucha contra un cáncer lo obligó a abandonar una vocación que tanto ama.

Al igual que su esposo, Lucía también entregó mucho de sí misma en la medicina. Solía hacer visitas a domicilio en horarios imprevistos y atendía a los recién nacidos en partos a cualquier hora del día, mostrando una dedicación que abarcaba no solo a su familia, sino a toda la comunidad que le rodeaba.

El fruto de su amor se vio reflejado en su único hijo, Ricardo Julio, quien siguió sus pasos en el ámbito de la salud, convirtiéndose en kinesiólogo y enseñando en universidades. La familia Aüada-Cortegoso continúa expandiendo su legado a través de las nuevas generaciones, ejemplificando la importancia de la educación y la dedicación al bienestar del prójimo.

La historia del doctor Alejo Aüada y su esposa Lucía es lo que se necesita recordar en cada rincón de la comunidad que impactaron. Su vida, marcada por el compromiso, la humanidad y el trabajo incansable, es un claro ejemplo de cómo el amor y el servicio pueden transformar vidas y mantener viva la esperanza en tiempos difíciles.

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